GUERRAS

 

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El contacto con la palabra ¨GUERRA¨, fue primero coloquial y hasta grato, cuando allá en mi primera infancia veía llegar a Pascual Guerra y su esposa Clarita Santa, con sus dos hijos que eran de mi edad y a quienes les habían tocado dos apellidos un poco simpáticos y contradictorios, si tenemos en cuenta que nunca me dejaban en paz, ellos eran simplemente los ¨hermanitos Guerra Santa¨. Aquello era causa de jocosidades en el entorno familiar y hasta escolar. Pero cuando pasaron los años y presté más atención a las noticias y a la vida en general, comprendí que la cosa no tenía mucho de bromas.

Al filo de mis seis años, estaba terminando la guerra de Vietnam y se hablaba mucho del tema, no logro recordar grandes detalles, pero si podría asegurar que fue mi estreno en la indagación infantil sobre el tema y parece que me explicaron bien, porque  fijé algo para toda la vida: AQUELLA FUE UNA GUERRA INJUSTA, COSA DE LOS IMPERIALISTAS, así de simple y contundente es ese fragmento lejano de mis recuerdos de entonces.

En lo adelante habría guerras en muchas de sus variantes, la ¨guerra¨ que le daba yo a mi madre para que me dejara fabricar pelotas de trapos con las medias gastadas de mi papá; la ¨guerra¨ de mi abuela contra las bibijaguas que habían desembarcado en su plantación de rosas y que serían combatidas durante años por solo dos soldados: mi hermano y yo, entrenados para caerle a los insectos con todos los arsenales posibles; la ¨guerra¨ entre Carilda y Aniceto a la hora de la novela y la pelota, coincidentes por canales distintos de la Televisión.

Esas guerritas pintorescas y triviales no causaban daños severos; sin embargo, a la misma vez otras conflagraciones sacudían el mundo en diversas latitudes, guerras por el petróleo, por las materias primas y hasta por el agua potable. Episodios trágicos en los cuales, como sentenció Erich Hartmann “… jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”

Y junto a los olores a pólvora creció como nunca otra beligerancia, sin cañones de metal ni uranio enriquecido, dotada de arsenales más sutiles, camuflajes mejor acabados y consecuencias mucho más duraderas. Guerra de pensamientos, que es la mayor que se nos hace, como decía Martí.

En este escenario irregular, como escribió Eva Golinguer: ¨A través de pantallas, emisoras, periódicos, afiches, diseños de ropa y objetos, transmiten sus mensajes dirigidos y bien planificados para influir sutilmente sobre la opinión pública y sus percepciones sobre temas de interés. Es el nuevo campo de batalla donde todos estamos forzados de asumir un papel, porque nadie se escapa de la información y la comunicación en el mundo de hoy. Es la lucha por la verdad y la justicia contra la mentira y la manipulación. La decisión de ser víctima o combatiente dentro de esta guerra irregular está en manos de cada uno de nosotros. No te dejes engañar¨

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