MADURADO CON CARBURO

 

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Palpando los plátanos que Olegario Alforja traía hasta el portal de mi casa, nuestra abuela ponía cara de ciencia popular y mirando a los ojos del vendedor solía preguntar: ¿No estarán madurados con carburo?, el hombre negaba con aires de ofendido y aseguraba que eran productos sanos y que su color amarillo era obra de la naturaleza y de la paciencia.

Como yo era un adicto a los muñequitos de las tardes (en mi infancia no había muñequitos a otra hora, salvo los domingos) imaginaba al perro Carburo, amigo de Guaso, madurando los plátanos de alguna manera, después cuando tuve mayor acceso a la información supe que al mezclarse el carburo de calcio con agua se produce acetileno en estado gaseoso, la sustancia que se usa para la maduración acelerada en las frutas.

Así se comporta el asunto en materia de los alimentos, pero echemos un vistazo a una especie de símil que prolifera en otra región del comportamiento humano, mucho más sensible y seguramente más dañino, me refiero a los niños.

Resulta innegable que la etapa de la infancia es maravillosa, es allí donde habita la fantasía y la inocencia, donde los sentimientos suelen ser más puros y los odios no han encontrado aún las grietas por donde filtrarse. Casi todos los niños quieren serlo, pero a veces las circunstancias y hasta los mismos padres se apuran por sacarlos de ese mundo, algunas veces por necesidad y otras por error.

No voy a referirme a esos pequeños obligados a empuñar armas o a cargar sobre sus diminutos hombros el peso insoportable del trabajo casi esclavo, cuyas imágenes que hielan la sangre por suerte no habitan dentro de esta isla, mi referencia es a otros apresuramientos injustificables de quienes pretenden ¨acelerar la maduración¨ de sus retoños para exhibirlos como trofeos de virilidad precoz o de sensualidad prematura.

Vestidos como marionetas de la moda, proliferan en las redes sociales miles y miles de niñas y niños retratados en poses nada aconsejables para su edad y muy lejos del propio imaginario infantil que habita dentro de ese ¨modelo fotografiado¨. La mayoría, por su corta edad, poco pueden opinar sobre su imagen y menos decidir sobre cómo vestirse y cómo comportarse, esa docilidad pura y maravillosa es aprovechada para exhibir a través de ellos los deseos y los gustos de los adultos.

Pero todo no radica en la moda y sus vaivenes, otras conductas también apresuran y acortan la etapa necesaria de la infancia; varones instados a probar sorbos de alcohol, como equivocada muestra de hombría; forzados a confesar acciones eróticas o relaciones amorosas en edades donde el amor suele ser otra cosa mucho más sublime; niñas aplaudidas tras un maquillaje propio de festines nocturnos; vestidas como tal vez ni ellas mismas lo harán cuando sean adultas, celebradas mientras bailan como pequeñas e indefensas víctimas de la lujuria.

Un niño siempre será hermoso, su universo es tan rico y con tantas potencialidades de felicidad que hacerlo salir de allí antes de tiempo, es privarlo de los antídotos que de adulto necesitará para ser feliz.

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