ENVEJECER

 

 

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En cuanto naces comienza la cuenta regresiva, se te asigna una cantidad limitada de tiempo que corre a la inversa y va disminuyendo minuto tras minuto, lo misterioso del asunto es que nadie sabe hasta cuándo le dura la cuerda al reloj; así que, incógnita a cuestas, se recorre la vida sin pensar mucho en el asunto durante los primeros años, pero luego, cada vez con más frecuencia meditas sobre el tema, ante la sospecha de que la carga se está agotando.

Los síntomas de ese agotamiento van llegando casi siempre con más sutileza que un gato vigilando a un gorrión, una canita por aquí; una arruguita por allá, unas libritas por arriba y ya estás entrando, casi sin darte cuenta, en la época de franca contradicción con los espejos y de un odio visceral hacia las pesas, no entiendes cómo es posible que tu imagen esté cambiando sin tu permiso.

Antes te daba igual decir los años que cumplías, ahora prefieres que no te lo pregunten; antes hacías públicas tus fotos sin acudir a minuciosas revisiones, selecciones y filtros; ahora hay una distancia de kilómetros entre la imagen de perfil en Facebook y tu rostro matutino, previo a la sesión de peine – maquillaje.

Algunos lo toman más a la ligera, para otros es cuestión de vida o muerte. Recuerdo la perreta que armó Ortulio la Momia, cuando el director le informó que les habían asignado una impresora para la oficina comercial de la granja porcina, fue un golpe terrible porque llegaba a su fin el papel carbón, con el cual el susodicho tapaba esmeradamente sus canas frente al espejo del baño.

Clementina alias ¨Lunar Lejano¨ se ganó ese mote, pues debido a sus continuas y exageradas cirugías para estirar su casi octogenario rostro, había sufrido un corrimiento de aquel lunar que siempre tuvo en el pómulo derecho y ahora lo exhibía dentro de la oreja.

En la vejez se sufre una metamorfosis interesante y hasta preocupante, que puede generar casos de la conocida TITI – MANÍA   o el síndrome del ridículo textil, muy vinculado a la moda y a lo que se ha dado en llamar el mal de las ¨licras arcaicas¨.

En fin, que es un proceso variable y si quieres saber el estadio en que te encuentras, solo debes fijarte en   la manera en que te abordan en la calle, cuando alguien te pregunta la hora y se dirige a ti según tu grado de vejez aparente:   ¨Chamaco – joven – socio – compañero – señor – puro – ocambo – abuelo¨, para los hombres y: ¨Niña – chama – joven – señora – pura – abuela¨, para las mujeres, no todos logran asimilarlo, qué he visto mucha gente ofendida cuando andan por el tramo final de la cadena y en lugar de responder a la pregunta, puede que te den una pedrada.

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