UNA HISTORIA DE TELEVISIÓN

 

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(PARA SER LEÍDA EN COMPAÑÍA DE ADULTOS)

Corren tiempos en que no se concibe vivir sin la televisión y eso de que un hogar no tenga un TV  es una verdadera rareza, casi un pecado. En la casa de mi infancia, allá en la tierra natal, tuvimos el primero de esos artefactos a mediado de los años setenta del pasado siglo. Era de marca ELECTRÓN, lógicamente de procedencia soviética; un cajón de madera y plástico, sobre cuatro patas negras y con más bombillos dentro, que la torre Eiffel.

Fue el primero del barrio y su debut contó con la presencia de numerosos vecinos, invitados para la ocasión o simplemente atraídos por el inusual acontecimiento. Después se fueron sumando otros hogares con similar tecnología y ya la cosa se fue haciendo más común. Llegó el reinado de los Krim 218 y su archiconocida debilidad en el selector de canales, que propició la aparición del famosísimo ¨ALICATE REMOTO¨ una versión manual de las actuales tecnologías de mando a distancia.

Algunos de esos equipos salían muy buenos, otros no tanto, sobre todo mostraban carencias que se hicieron famosas, porque tenían piezas que duraban muy poco y resultaban caras a la hora del arreglo, incluso Erasmo Témpano, un vecino conocido por ¨Truena y no llueve¨ porque era más bulla que otra cosa, se divorció después que Carolina, su esposa, le dijo en plena intimidad. ¨ Estás dando más fallos que un flyback¨

Fueron años de limitada programación televisiva y básicamente el electrodoméstico se prendía al medio día para ver LISTO ESTUDIO seguido del NOTICIERO y luego en la tarde, siempre a partir de las seis, en que comenzaban los MUÑEQUITOS, bajo el incuestionable liderazgo de ¨Me las pagarás¨ o ¨Deja que te coja¨ (porque se le conoce de ambas maneras esa aventura de lobo  y liebre), junto a otra gama de personajes predominantemente rusos, una cuestión lógica, al fin y al cabo si de allá venían los TV cómo no iban a venir los muñequitos.

Los domingos era diferente, te levantabas con Nitza Villapol y su COCINA AL MINUTO, disfrutabas de la COMEDIA SILENTE y por la tarde se armaba el titingó familiar, de un lado los que querían el doble juego de pelota, del otro los cinéfilos con la TANDA DEL DOMINGO, entonces era muy inusual eso de tener dos televisores y aquella discrepancia de gustos causó más de una pelea hogareña o estrategias como esconder el ya mencionado alicate una vez sintonizado el canal de preferencia. Nada, que unos eran Fan de Eddy Martin y otros de Mario Rodríguez Alemán.

Cuando llegaba el verano y sus añoradas vacaciones, los telerreceptores funcionaban a máxima potencia, las opciones crecían y las horas frente al vidrio también. Se incorporaban nuevos programas y muchos preferíamos pasar largas horas ante la pantalla, que por entonces no tenía la competencia tecnológica que hoy le hacen otros formatos digitales.

La televisión no se medía por pulgadas, como ahora, sencillamente todos eran del mismo tamaño y así fue por un buen tiempo, las diferencias comenzaron cuando llegaron los colores, que también venían de la URSS en una primera etapa y que antecedieron a la generación PANDA y a la posterior irrupción de todas las demás marcas ya conocidas, con sus pantallas planas, sus precios abultados y sus variados tamaños.

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