MALCRIADOS

niño malcriado

Un muchacho malcriado es lo mismo que un huracán. Lleva las mismas alertas; decenas de medidas de seguridad; emergencia y recuperación. Nada más decirle a mi madre que venía Felito ¨Puente Roto¨ el hijo más pequeño de Concha Durofrío (era la vendedora de ese producto), era suficiente para de inmediato movilizar a todos en la casa y estar ¨PREPARADOS Y ALERTAS¨

Se evacuaban los adornos más valiosos para las zonas altas; se tapaban las fuentes con frutas y se ponían en lugares seguros la cristalería, los cuchillos y tijeras. Cuando aquel ciclón despeinado y rechoncho hacía entrada, el daño era inevitable. Sus padres habían perdido la pelea en eso de controlar los desmanes del chamaco y poco o nada podían hacer para controlarlo. Se necesitaba un batallón familiar para darle la comida, hasta dos abuelas para bañarlo y una verdadera fortuna pasa saciar sus altas demandas de juguetes caros o cuanto cacharro se le antojara tener.

A nosotros (a mi hermano y a mí) nos habían criado de forma diferente, enseñándonos con esmero normas elementales de comportamiento desde las primeras edades. Asistíamos disciplinadamente a cualquier espacio y una vez allí nuestros padres tenían la tranquilidad de que nada tocaríamos si permiso, no hablaríamos interrumpiendo con irrespeto el diálogo de los adultos ni usaríamos malas palabras o frases hirientes.

Nos habían puesto la vacuna Anti – Perretas casi a la misma vez que el estado nos vacunaba gratis contra más de una decena de enfermedades; sin embargo, no dejábamos de ser niños, a quienes atraían los juguetes, los objetos brillantes, las golosinas, etc. pero fuimos educados para controlar esas energías infantiles que hoy muchas personas usan como justificación ante las faltas y carencias que el descuido paterno y/o materno genera en la conducta de sus retoños.

Cuando Sifredito ¨La Plomada¨ se bebió el agua del vaso espiritual que  Abigail colocaba delante de su pequeño altar, junto a una estatuilla del San Lázaro, la cosa se puso bastante fea porque el hombre montó el cólera y entre maldiciones y lamentos quería castigar con su chancleta al irrespetuoso, que solo por los pelos se pudo escapar a través de una ventana, pero las quejas del viejo no se hicieron esperar, ante lo cual la madre del infractor salió en defensa del chico con aquello de que: no era malcriado, era HIPERQUINÉTICO. Abigail sin comprender mucho el término solo le advirtió a la mujer: MIRE SEÑORA SI LO DEL VEJIGO ES UNA ENFERMEDAD, INGRÉSELO.

Por desgracia este tipo de situaciones ha ido empeorando con el tiempo y en nuestro entorno cotidiano es común la presencia de manifestaciones muy penosas donde simples niños tienen la capacidad de doblegar la voluntad de sus padres, llevando ellos la voz cantante y la toma de decisiones, incluso en cuestiones cuyo peso trasciende al universo infantil.

3 comentarios sobre “MALCRIADOS

  1. Salvando todas las distancias, no pocas veces críos como Sifredito “La plomada” se comportan como verdaderos fascistas y aquellos desplantes que, incoscientemente, les celebramos se repiten hasta incorporarlos a sus conductas… hasta que un majestuoso sopapo los devuelve a la realidad, aunque estos lleguen bien avanzada la edad. Es una foto de los asuntos pendientes a resolver en familia (muchas familias).

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