EL SÍNDROME DEL RELOJ AUSENTE

 

 

impuntualidad

Conozco a muchos que cierran puerta y pasan cerrojo dejando fuera a los que se retrasan, otros en cambio se conforman con las impuntualidades y las toleran como si fuese una enfermedad incurable, están los que la achacan a la idiosincrasia o incluso a las nacionalidades, existen muchas referencias a la puntualidad de los japoneses o de los alemanes y al relajamiento de esta disciplina entre los latinos; pero sin ir más lejos, dentro de nuestro propio país tenemos algunos de estos ejemplos.

Cuando la suegra de Mayito ¨Aguja Muerta¨ le espetó en pleno rostro aquello de que: USTED ES MÁS IMPUNTUAL QUE EL TREN SANTIAGO – HABANA, el hombre no tuvo más remedio que bajar la cabeza y asumir con amargura que la doña tenía razón, el tipo sufría del ¨Síndrome del reloj ausente¨ y jamás cumplió con los horarios que prometía en aquella desordenada relación con su novia.

Por la misma zona del vecindario vivía Jenaro alias ¨La Pala Siniestra¨ el sepulturero, quien se fue contagiando poco a poco con el mal y ya no pudo nunca más llegar a tiempo y no es que los finados tuvieran mucho apuro en eso de ser ubicados en su destino final, pero los acompañantes tenían que seguir viviendo y no los era muy agradable la espera innecesaria en aquel sitio tan peculiar.

Donato Agenda Inerte, se ganó el mote de ¨Me incorporo¨ por su consistente uso de esta frase en numerosas reuniones que debía presidir y a las que siempre acudía muchos minutos después de lo pactado – utilizando el manido argumento de que los jefes no llegan tarde, solo se incorporan-   fue la época en que él desempeñó algunos cargos de baja intensidad, con aquellos salones calurosos y pequeños donde la gente se amontonaba en espera del susodicho, mientras este irrespetaba el tiempo ajeno.

De otra parte, estaba la profesora Ángela, conocida por ¨El cañonazo de la nueve¨ porque si no estabas en su clase a la hora justa podías recoger e irte sin posibilidad alguna de apelaciones o perdones. Igual puedo recordar a Jacinto el ¨Minutero¨, quien cotejaba sus ocho relojes tres veces al día, con la emisora Radio Reloj.

Lo real es que resulta aplastante que te dejen esperando, mientras te cruza por la mente el día que el profesor de física te aseguró que el tiempo era relativo y tu pensaste que el tipo estaba un poco tostado, ahora lo comprendes mientras cada minuto de retraso te parece suficiente para contarle los pelos al pescuezo de una jirafa.

Si quieres dejar una buena impresión tienes que llegar temprano (y si quieres alcanzar las mejores ofertas del comercio también), eso siempre denotará rigor e interés y sobre todo respeto por los demás recordando lo que dijo un filósofo francés: La impuntualidad es una falta de respeto, no de tiempo.

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Un comentario sobre “EL SÍNDROME DEL RELOJ AUSENTE

  1. Así mismo es mi hermano… trato siempre de estar a la hora, en cada cita. Pero me ha pasado, muchísimas veces, como para reafirmar la Teoría de Murphy, que cuando quiero que una actividad a la que voy empiece en hora, debo llegar pasada la hora pactada. Si por el contrario, llego con horas de antelación, la cosa pica y se extiende y nunca se sabe cuándo empieza.

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