AQUELLAS VACACIONES

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Las vacaciones de la infancia olían a mangos maduros, anoncillos rosados y agua de los ríos. Mi madre organizaba una especie de tur hacía unas charcas cristalinas bajo la foresta exuberante. Preparaba un alijo con panes, pomos de jugo y otras chucherías, nos levantaba temprano y hacíamos esa excursión que culminaba casi al caer la noche.

Eran dos meses espléndidos, con abundancia de tiempo para jugar al aire libre y disfrutar de una programación televisiva que para la etapa veraniega ocupaba mucho más espacio que los pequeños horarios dedicados habitualmente a los niños el resto del año, en los dos únicos canales de entonces.

Se vivían intensamente aquellas ocho semanas y los intereses cambiaban de un año a otro, en dependencia de la edad. Los primeros veranos resultaban totalmente infantiles, pero luego aparecían motivaciones adolescentes y más tarde juveniles. Por aquellos mismos trillos donde arrastrábamos carritos o jugábamos a los escondidos, después nos íbamos a la conquista de algún amor temprano o simplemente a intentar ser simpáticos ante los ojos de la dama preferida.

En esos julios y agostos, se hacían planes, se organizaban grupos, se leía, se bailaba y se reía. Jornadas de intenso sol sobre las arenas de la playa te hacían perder la piel y las Bases de Campismo reunían a decenas de familias en un especial convite que se extendía hasta el amanecer.

En una de esas temporadas de asueto, se le ocurrió a Carlos  ¨EL Quijote¨ (apodado así más por la  locura  que por la triste figura) robarse a Graciela ¨Meneo Feliz¨, campeona de Ula Ula en la Secundaria. Pero lamentablemente en la noche escogida para tales fines amorosos no sería ese el único robo planificado y mientras el mancebo raptaba la mulata, en una réplica bastante real de la famosa pintura de su tocayo Carlos Enríquez, otros menos románticos le robaban a ¨Ferrari¨ la yegua del galán, donde escaparían de unos suegros coléricos, malogrando el arriesgado intento.

La temporada estival desataba también una verdadera oleada de fiestecitas informales que recibían el nombre de ¨Descarguitas¨ , en ellas predominaba  la música suave, los licores dulces, los panes con … (diversidad) y las anécdotas risibles. Allá por casa de Sacarías ¨El Machete¨ se solían organizar estos convites nocturnos y allí fue donde Mercedes ¨Licra Feliz¨ pensó que Raciel la estaba retando a echar unos pasillos de guaguancó, cuando en realidad el pobre era cojo y no podía evitar aquella cadencia peculiar cuando bailaba.

Después llegó la vida laboral  y  las queridas vacaciones sufrieron un estrechón considerable, su tiempo dejó de ser enteramente una diversión para alternar con otras tareas que la responsabilidad adulta exige. Ahora son nuestros hijos los que disfrutan de ese espacio que también fue nuestro, aunque los intereses han cambiado un poco y son menos los que corren al aire libre y más los que se divierten ante la pantalla de algún dispositivo electrónico.

 

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2 comentarios sobre “AQUELLAS VACACIONES

  1. De excelencia, como todo lo que escribe en bicicleta, el hermano Miguel. Si alguien me preguntara, soy de los que me divierto tanto al aire libre (con mis niños), como frente a la pantalla.

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