MIRADAS

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¨Esa mirada tuya, Valentín, me hiere las pestañas¨ decía Consuelo Perdido, la hija menor del guajiro Tomás Perdido del Monte, vaquero y ordeñador de vacas, dos veces premiado con la distinción LA TETA DE PLATINO, un reconocimiento local instituido para los más diestros en esas labores.

En verdad Valentín alias El Tierno, había logrado sus mayores conquistas amorosas gracias a una mirada perfectamente ensayada y equipada con dos pupilas verdes que hasta la fecha le habían reportado positivos saldos pasionales. A su hermano le fue peor, sufría estrabismo y nunca logró trasladar un claro mensaje con sus ojos y tal vez por eso terminó enredándose con la mujer equivocada.

Es genial aquella letra musical que expresa: ¨tu mirada es el más perfecto modo de decirlo todo todo, aunque no me digas nada¨ porque resume muchos momentos en que una mirada basta, lo mismo para expresar simpatías que para callar bocas. El viejo Celedonio solía usar ese método para frenar el despotricado parloteo de su mujer Carmen la Iguana, dotada de una lengua peligrosa e incontenible.

Una buena interpretación de códigos escondidos en las miradas puede hacernos muy diestros para adivinar estados de ánimo o sencillamente acertar en lo que decimos o hacemos, aunque a veces nos topamos a gente que tienen la mirada perdida y usted les puede estar hablando del calentamiento global, ellos aparentar una atención extrema y de buenas a primeras voltean la vista hacia ti y con toda tranquilidad te preguntan: ¿Tu sabes si hoy sale la guagua para Remanganagua?

En otras ocasiones la mirada puede mostrar conductas indiscretas, deteniéndose en determinadas ¨cosas¨ donde no resulta muy sano poner los ojos, sin algunas precauciones, de lo cual puede dar fe el desdichado Abelito ¨Vista Fija¨ sorprendido en las arenas de la playa por su gruesa y malhumorada esposa; cuando este miraba, como sabio por microscopio, las diminutas ropas de baño en el cuerpo exuberante del Olguita, alias ¨La Guitarra Eléctrica¨  denominada así por la forma de su cuerpo y por la energía con que lo movía.

Existen lugares en que se mira y no se toca, algo que se aprende desde niños y que es parte de la educación cívica que permite mejores comportamientos en museos, exposiciones y otros recintos donde no se permite el contacto con las obras de arte o lo objetos museables, precepto que una vez aprendido también ayuda a evitar situaciones como las del citado Abelito.

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