PARTIR LA GALLETICA

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Cuando Orlandito apareció en la escuela primaria y el grupo comenzó a notar que el gordito recién llegado se ocultaba durante el receso escolar para consumir a solas su merienda, de inmediato le endilgaron el apodo de ¨Landi Azadón¨ . Eran tiempos de partir la galletica e intercambiar el pan con aceite y no se concebía que uno de nosotros comiera o bebiera delante de otro compañerito sin el gesto amable de compartir lo que se tenía.

Se nos enseñaba en el hogar que debíamos invitar a los presentes, antes de consumir cualquier alimento en público; se nos recalcaba que era de mal gusto disfrutar del plato servido ante la mirada lastimosa de los que por alguna razón quedaban en desventaja. Parecía algo normal, algo que siempre fue así, como tantas otras cosas de este país que al volverse cotidianas entran a la normalidad, a pesar de que muchas veces resultan extraordinarias en un mundo cada vez más desigual.

Los tiempos han cambiado y aun cuando seguimos siendo solidarios, aparecen síntomas que indican claramente algún deterioro de esas conductas fraternas de que hablo, pudiera ser que la galletica esté más dura o que las manos no la saben partir, en cualquiera de los casos es lamentable.

Con toda certeza se ha dicho que la unidad es la garantía de que sigamos siendo una nación independiente y salvemos para ahora y para siempre el proyecto social que defendemos, la desunión sería fatal (que ya nuestra historia bastante lo demuestra) pero de otro mal debemos salvarnos también, el egoísmo no pude ganarnos la pelea porque es la llave perfecta para robarnos muchos sueños.

Landi dejó atrás a los suyos, creció y cambió el pan con aceite por las McDonald, el destino parece no ameritar muchas quejas en su caso, su mundo es reducido y fuera de esos límites nada es importante, el sufrimiento ajeno no le interesa, no le incumbe y solo sería capaz de molestarse si de alguna manera el infortunio golpeara a alguno de los suyos.

Orlandito es el prototipo ideal, el diseño triunfante de la sociedad de consumo, todo cuanto aprendió en las clases de historia ya no importa, desde la tranquilidad de su barriga llena no es posible, ni deseable, distinguir el hambre ajena.

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3 comentarios sobre “PARTIR LA GALLETICA

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