BANQUITOS

 

 

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Un Parque es como una colección de relatos, cada banco puede ser una historia, un testigo mudo de acontecimientos íntimos o públicos. El Parque de mi pueblo siempre fue un lugar bonito, dotado de una jardinería muy bien cuidada, al menos en la época de mi adolescencia, en que solía recorrerlo o visitarlo para disfrutar de sus frondas, que daban agradable sombra a los asientos de granito blanco y espaldares brillosos.

Allí fui testigo de las primeras infidelidades de Rosaura, la que luego dotaría de abundantes cornamentas a más de un amigo de mi infancia.  En algunos de aquellos bancos nos reuníamos en alegre muchachada, para esperar que abriera sus puertas el Cine, ubicado en esa zona y que de vez en cuando estrenaba algo interesante o reponía aquellas legendarias aventuras de Sandokan, interpretadas por  el indio Kabir Bedi , el famoso pirata se nos hizo bastante cercano por la cantidad de veces que acudimos a verlo, al extremo que hace tres años cuando este actor visitó Cuba, un par de amigos del barrio querían venir para La Capital, con la idea de saludar al “Tigre de la Malasia”, al final los convencí para que desistieran de ese complicado plan, les pasé un mensajito: TRANQUILOS CAMARADAS, QUE EL FELINO MALAYO YA ESTÁ QUITAO DE LA PIRATERÍA.

Por el centro del Parque se fabricó una pasarela con pasamanos de tubos, casi siempre pintados de rojo, por donde los transeúntes acortaban camino y evitaban un rodeo mayor para irse a una tienda aledaña. Frente a esa facilidad peatonal se ubicaban un par de bancos a los que denominamos los “Palcos del Jurado” porque desde allí un asiduo piquete, del cual yo formaba parte activa, “evaluábamos” a su paso a numerosos personajes y notables féminas de la localidad.

Uno de nosotros, que hacía funciones de vocero y que usaba un tono de voz serio pero de bajo volumen, para no irrespetar a las personas y evitar que disolvieran el jurado, anunciaba el objetivo a ser evaluado. Se establecieron íconos difíciles de desplazar de los sitios cimeros en cuanto a calificación obtenida en su paso por aquellos maravillosos quince metros: Eulogio, la hormiga, “picador” de cigarros capaz de concretar esa acción más de tres veces en tan reducido espacio. Paco Peña, irremediablemente borracho y milagrosamente de pie sin tocar las barandas y Maruchi la de Wilson, reina absoluta de belleza, así identificada por las famosas Criollitas que aparecían en el semanario Palante.

Justamente, a causa de esta última debimos sacar del jurado a Marianito, porque se le ocurrió contarle sobre el exuberante paso de la muchacha a su primo “Malcasado”, célebre por tener como esposa a Suzanita Mecome, la más fea del municipio, pues el pariente se apareció un día en plena faena de evaluaciones y se plantó junto a nosotros para ver pasar al  “monumento” y a pesar de que le advertimos que si se quedaba debía estar en silencio, el hombre no aguantó y en frente de la muchacha soltó una frase que casi nos complica a todos: CARAMBA MARUCHI, TANTA MADERA FINA Y YO FORRANDO EL RANCHO CON YAGUAS.

Un personaje muy habitual del Parque era Ramón Página Fija, que obtuvo esa denominación cuando nos percatamos que siempre aparentaba leer el mismo libro sin que nunca lo viéramos voltear las hojas, la curiosidad nos llevó a observarlo con más frecuencia  y en un descuido descubrimos que existía una perforación pequeña en el lomo del texto y mientras fingía leer, realmente observaba por el orificio la puerta de la oficina donde su mujer trabajaba, al parecer empecinado en sorprenderla protagonizando alguna movidita extraña.

Era el Parque un lugar silencioso, sin latas vacías en su césped, sin palabras obscenas ni música estridente, como debieran ser esos nobles espacios.  Solo en tiempos de Zafra el lugar casi permanecía desierto y no es que la gente se fuera toda a fabricar azúcar, es que la chimenea del ingenio vertía toneladas de diminutos bagacillos negros y los banquitos perdían su natural blancura, aunque había algunas parejitas apasionadas que hacían caso omiso a esas oscuras amenazas y terminaban felices pero tiznados.

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2 comentarios sobre “BANQUITOS

  1. ´´Era el Parque un lugar silencioso, sin latas vacías en su césped, sin palabras obscenas ni música estridente, como debieran ser esos nobles espacios´´. Gloriosa tarea las que nos toca para recuperar todos los valores de antaño, hoy, en peligro de extinción, y no por el cambio climático.

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  2. De excelencia. Pero no una vez más. Si no, una vez mejor, especial, único. Quizás irrepetible. A uno no le queda otra opción que decir: ñó… una vez terminada la lectura. La imagen final del texto, los bancos tiznados, pero las parejitas felices, el altamente elocuente. Tiene de cubanía y de costusbrismo, tiene de alegría pero también de congojas. Muy bien…

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